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Editorial
En esta temporada de tantas promesas de candidatos, nos gustaría mucho que alguien le ponga el cascabel al gato y diga qué piensa hacer con ese infierno conocido como “transporte urbano”.
Está muy bien lo que hizo el gobierno nacional: prohibir la chupa cuando se maneja y no aflojar el brazo por los mafiosos del volante; pero hay muchas cosas que están más allá de sus atribuciones.
Qué bueno sería que alguno de los alcaldeables además de ofertar puentes por todo lado, túneles con ascensores y otras maravillas, plantée cositas razonables, prácticas y mucho más baratas.
Y puede ser un gran paso empezar por regular el transporte público.
¿Qué tal establecer zonas de circulación de cada línea? Y que no todos y cada uno de los transportes tenga que llegar al centro si o sí. O hacer cumplir las rutas y que no sea el capricho del chofer lo que decide si va a donde debe o se queda aquí nomás. O que los barrios con actividad creciente puedan tener opciones y no que una rosquita de 8 sindicateros domine el transporte de miles de personas.
Ojalá nuestros futuros ediles intervengan a fondo y el transporte empiece a ser lo que debería: un servicio público con derechos justamente para el público.
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