Más calor, menos ropita. Seamos sinceros: a los collitas nos atrae la piel, porque en el collao no vemos tanta. Así que cuando comienza el calor, volteamos la cabeza como la mina de El Exorcista, sonreímos como cojudos y por dentro decimos “Viva Santa Cruz”. “A medida que pase el tiempo te vas a poner más selectivo”, se ríe y me dice un paceño que ya vive 7 años aquí.
Navidad: Está bien que la tradición hable de un gordito de rojo del Polo Norte, pero ver a los papanoeles de las tiendas del centro en atuendo invernal, bajo los 33˚ de temperatura y 70% de humedad te hace pensar que la necesidad tiene cara de sauna y que hasta una cámara de torturas puede tener una versión portable.
Año Nuevo: Como un Carnaval chiquito, con artistas internacionales, full trago y patasca al amanecer.
Patasca: Versión camba del fricasé. “No collinga, el fricasé es la patasca colla”, me corrigen.
Carnaval. La fiesta grande de los cruceños, en torno a la que gira el año, de un sentimiento que ningún caporal, moreno, ni diablo puede entender hasta haber estado aquí. A ver ubicate, hace años una cooperativa sacó el “Crédito Carnavalero”, en el que te prestabas plata para saltar e ibas pagando durante el año. Suena genial como producto financiero, pero fue descontinuado.
Alasita: ¿Qué es eso?