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Flores en el desierto

 

 

 

Sobre el teatro, más que "Flor de un día", yo quizás usaría un título
tipo "Flores en el desierto". Y, claro, no duran tanto ahí las flores
(y es una de las particularidades del teatro el ser el arte efímero
por excelencia y seguramente por eso que sea tan difícil convivir con
este "arte vivo" pues esta característica nos hace constante recuerdo
a nuestra propia mortalidad); pero quizás por pura terquedad, me
permito rescatar el enfoque positivo; no olvides que el año que viene
mi proyecto cumplirá su segunda década en vigencia y a pesar del
tango, al menos en teatro, veinte años no son "nada".
Y si bien, me parece que las condiciones descritas en el artículo del
anterior número son las que son y concuerdo con ellas en su mayoría,
al mismo tiempo hay otra cara: hay grupos de actividad seria y
constante con obras, no muchos, pero los hay. Mi compañía tiene
fácilmente media docena de espectáculos de repertorio que activamos
sobretodo para exportar cuando los compran festivales internacionales.
¿Eso basta para ofrecer una cartelera sostenible? Seguramente no, pero
Kíkinteatro no es el único que tiene obras; y por algún lado debemos
empezar a generar el hábito de consumo teatral regular.
Tenemos que hacer temporadas largas, obviamente ahí es crucial la
participación con objetivos a largo plazo de grupos con producción de
calidad y de espacios relacionados con artes audiovisuales y cultura,
el Estado, las Prefecturas, Municipios, fundaciones, museos y centros.
Yo no propongo que los artistas mismos costeen estos espacios porque
me parece dejar demasiado peso sobre los hombros de gente que ya
sostiene de forma particular la producción artística del país (no
olvidemos que las propuestas e innovaciones de las artes son el
reflejo de la cultura que a futuro tendrá un pueblo -junto a sus
propuestas intelectuales y científicas, claro-). Pero es cierto que
los artistas podemos, y quizás debemos, comenzar por hacer
invitaciones y alianzas estratégicas.
Recientemente Daniel Rico me comentaba sobre el Complejo
Cultural del que ya se habló en el anterior número de Afuera, que la
Oficialía de Culturas de la Alcaldía está en proceso de construcción,
y arrancan por construir salas de artes escénicas; obviamente
aproveché la ocasión para rogarle que antes de acudir a algún genial
arquitecto, acudan a la gente de teatro adecuada pues las salas que
últimamente se han construído en Bolivia (en diferentes ciudades), no
son acordes a la realidad de las artes escénicas bolivianas (ni si
quiera a la actualidad escénica mundial), lo obvio es consultar con
quienes practican este arte AHORA, de forma regular, constante, seria
y tienen información internacional actualizada. Ojalá en este caso así
sea. Y ojalá este proyecto sea una realidad. Y habrá que esperar
también que ese espacio sea administrado con una cabeza que
verdaderamente proyecte las artes ecénicas a futuro y priorice el
fomento a la producción nacional (sino el Municipio debería
cuestionarse para qué están proyectando esa construcción, ¿para tener
otro escenario en el que los grupos folklóricos hagan sus
presentaciones "de gala"? ¿para actos políticos y presentaciones
finales de cursos infantiles de danza o teatro? ¿vale la inversión en
algún caso así?).
Es sumamente interesante que a pesar de las pésimas condiciones
existentes se siga haciendo teatro en Bolivia, muchísimo teatro
amateur claro, pero teatro semi profesional y profesional también se
insiste en hacer. Eso dice mucho de la necesidad expresiva del país,
de la necesidad de espacios de manifestación de nuestro imaginario y
el teatro es una fortísima herramienta para ello, entonces es
coherente permitir que ese espacio se desarrolle. Pero si se va a
apoyar ese desarrollo, hay que administrar coherentemente los contados
esfuerzos que se hacen al respecto (contados no por falta de voluntad
sino de recursos, obvio -aunque algunas veces son contados también por
falta de cabeza y de la inteligencia estratégica suficiente para
buscar la información y conocimiento que uno no tiene, ahí en quienes
sí lo tienen-).
Finalmente, yo no se cuál es el aporte real de una que otra flor en
medio del desierto, seguramente no calma la sed ni le salva la vida a
nadie, pero tampoco tiene la pretención de hacerlo; y comprendiendo
esto quizás uno pueda admirar su generosa belleza sin la necesidad de
preguntarse por qué o para qué está ahí. Apenas para eso: para un
encuentro que a lo sumo dejará un suspiro, una sensación, una sonrisa
o una lágrima, paz o intranquilidad...
 
 

 

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