“Ukamau y ké” se fue, pero la lucha sigue

por Richard Sanchez
Lanzaba sus rimas sin censuras en un idioma de indios, rapeando y des-tilando su flow en aymara. Nunca se había hecho en Bolivia y Abraham Bojorquez (líder de “Ukamau y ké”, que significa “Así es y qué”) fue el primero, y desde entonces la buena prensa –principalmente internacional– nunca lo dejó.
Hijo de migrantes campesinos, Abraham pasó su vida entre barrios periféricos de La Paz y El ir a Brasil, donde trabajó como costurero como miles de compatriotas, al compás del rap portugués. A su retorno, vivió en carne propia la masacre de El Alto en octubre del 2003 y días después somatizó todo ese dolor y empute a través de sus canciones.
Por eso lo buscaban los medios: su canto era uno de los pocos comprometidos socialmente con lo que ocurría en el país y en aymara, rompiendo barreras musicales al compartir escenario con grupos de rock, punk, saya, pop y bandas . Todo ello sirvió para registrar su primer disco: “Para la raza”.
Iba tras su segundo disco pero lo alcanzó la muerte en un accidente de tránsito. Murió a sus 27 años en El Alto y sólo repetimos lo que tanto se rapeó en su entierro: “Jallallá Ukamau y ké”.