Con una larga y fructífera experiencia en Buenos Aires, el director y actor Percy Jimenez regresó a Bolivia a coordinar el Festival Escénica, que arranca en estos días. Sobre esto y mucho más habla a continuación:
Sos uno de los pocos directores que ha estado viviendo un buen tiempo en otro país (Argentina) y ahora vienes específicamente para el Festival, ¿luego te vuelves o vas quedarte a radicar acá?
Mira, la verdad no se donde me va a llevar la vida, la verdad ahora no pienso en nada. Ahora lo que interesa es sacar este festival adelante y chau, supongo que después se podrán armar más planes acá, obviamente me interesa.
Lo que me di cuenta en Argentina es que no puedo vivir sin este país (Bolivia), no puedo vivir alejado, de alguna manera tengo que lograr vincularme a esta tierra porque es lo único que me da sentido en lo que hago, justamente lo que me pasó allá es que me fui dando cuenta con el pasar del tiempo de que no encontraba el sentido de hacer lo que hacia.
¿Allá también hacías teatro?
Claro, dirigía un teatro, “El espacio Callejón”, muy pequeño pero muy conocido en Buenos Aires, y dirigir este espacio me permitió entrar en el circuito porteño, que es complejo. Pero una vez que había logrado entrar y producir mis cosas y comenzar a vivir como un porteño más, me comenzó a suceder eso, ¿no? ¿Qué hago acá? ¿Por qué? ¿Cuál es mi objetivo final? ¿Es salir en la tapa de la Nación? ¿Ese es el objetivo de lo que hago?
Y comencé a responderme esas preguntas y evidentemente, comenzó a salir que no puedo hacer teatro para eso, que debo encontrar algo más, por detrás del hecho artístico en sí, el público, el evento y el suceso teatral; necesito algo más que me motive y llegué a la conclusión de que evidentemente es la relación con la tierra y con la gente y con la sociedad en que vivo.
¿Allá cuento tiempo estuviste?
Siete años, he estado bastantes años, y tengo muchisísimos amigos. Soy un tipo muy amiguero de muy fácil contacto social, llegaba a cualquier barrio, he vivido en varios barrios y a los tres día ya me estaba saludando el tendero me entiendes. Pero evidentemente, el hecho de que este todo solucionado, (no sé si solucionado, pero por lo menos ya hay una hermenéutica, una dinámica que funciona y funciona y va funcionar) de alguna manera me distanciaba de lo que hacía, me entiendes? El hecho de dar clases y tener la sensación de que en realidad no puedes contagiar lo que tienes adentro; que la gente de alguna manera te pone una barrera, como si te estuvieran tomando exámen, como hay 800.000 tipos que están dando 800.000 talleres, no hay esa inocencia, no hay esa capacidad de asombro; ya la gente sabe, conoce, ha ido desde los dos años al teatro, es muy difícil sorprender a la gente. Y hay algo en la sorpresa que de alguna manera abre ciertas barreras que uno se hace con la vida, que te permite al estar trabajando, al estar enseñando a esta persona, entrar más adentro.
No sé si uno puede enseñar arte, no sé si uno puede enseñar a escribir, cada quien escribe como puede, por ahí puedes enseñar herramientas, traspasar herramientas, pero después cada quien escribe como le sale y ya dependerá de él, su disciplina, su pasión hacia al trabajo, etc.; me interesa más el vínculo humano que puedo generar con el otro. Yo creo mucho que las cosas suceden en el entre, no suceden ni en el uno ni el otro, sino suceden al medio, y entonces lo humano me parece que es absolutamente necesario para que eso suceda de verdad, porque hay una capacidad de afectar al otro y el otro te afecta también; entonces me pasaba que me faltaba algo de eso allá, no me terminaba de cuajar.
¿Era medio frío?
De alguna manera…tampoco es que sea frío, pero ya no hay nada nuevo bajo el sol, ya todo es conocidísimo o tienes que ser un genio, que no lo soy…
Además de llegar con todo el marketing de genio…
Además, Entonces me doy cuenta de que además en Bolivia puedo, con el mismo esfuerzo que el que hago allá, tener un festival que allá no podría hacerlo,
Y tengo la sensación, de que como boliviano, en un momento en que Bolivia está entrando en, no sé si en un proceso de cambio para bien o para mal, me interesa el cambio y punto, como buen teatrero me interesa el conflicto y la inestabilidad del equilibrio; entonces estar presente en un momento así me parece fundamental, no sólo por lo que no esté hecho, sino que es un momento, una coyuntura importantísima donde las cosas pueden guiarse hacia la luz o hacia la oscuridad, En ese sentido decidí venirme y salio justo la oportunidad de venirme ya con este trabajo, entonces ahí dije “Esta es una señal, no la pienso dos veces”.
Tenía una gira al Brasil y una a Suiza, con una obra bastante exitosa. y me llamaron, dos días antes de irme a Suiza y me dicen “Tienes que estar mañana acá” y les dije, “No imposible, tengo estos dos compromisos que no puedo desarmar, déjenme que vuelva del Brasil, renuncio al teatro, dame una semana más y estoy allá”, entonces fue, te juro, muy especial también la salida de allá. Porque antes de irme a Buenos Aires yo he estado trabajando desde el ‘95 hasta el 2002, siete años, en los cuales habré dirigido, cuatro o cinco obras, habré actuado en unas ocho, nueve, en varias obras; habré producido varias cosas, pero todo ese bagaje no lo pude implementar.
(No sé porqué, fue una decisión mía, todavía es una pregunta que esta ahí dándome vueltas, ya la responderé en algún momento, pero en los hechos no pude implementar lo que yo tenia.)
En cambio la sensación de venirme de allá a acá, es que no solamente puedo implementar acá sino que puedo seguir trabajando allá; me es mucho más fácil ir y venir, ahora en mayo termino el festival y tengo seis funciones en Buenos Aires, Me voy por un mes, las hago; entonces me parece que en lo personal es muy provechoso y en lo emocional, en el vínculo con la gente, es absolutamente ganancia todo el tiempo, ahí es donde se sustenta la decisión.
Entrando en concreto a lo que va a ser este Festival, ¿cuáles son los conceptos sobre los que se estructura la selección de obras?
Hay una línea en el sentido que me interesan los nuevos lenguajes y la balanza se inclina un poco respecto a esto. Evidentemente por ser un festival de la Ofícialia no podía primar mi interés estético, pero hay algo de esto, sobre todo en lo internacional, las obras que están viniendo proponen nuevos lenguajes teatrales, por ejemplo la de México es muy interesante, porque tiene que ver con el cine directamente, se proyecta una película y sobre eso se trabaja.
“Comunidad”, la obra argentina, propone un teatro de acciones, pero no años sesenta, sino un trabajo muy chiquitito; las acciones son minimalistas, casi no hay movimiento escénico, son seis tipos en línea y la palabra es absolutamente secundaria, no cuenta nada, no dice nada, no hay personajes; son seis tipos y punto. Este tipo de cosas me interesaba, sobre todo para contrastarlas con todo lo que se hace acá; me interesa mucho el diálogo, me interesa mucho que se encuentren estéticas distintas y que convivan durante quince días en los espacios que vamos a abrir para ellos, y que se dé la posibilidad para reflexionar sobre esto: ¿Qué es el teatro ahora? ¿Qué lugar le corresponde?, ¿De qué habla?, ¿Cómo habla sobre lo que habla?…este tipo de preguntas, que me parecen fundamentales artísticamente hablando.
Entonces si bien hay este sesgo respecto a lo novedoso, al lenguaje nuevo, también hay un respeto a esta otra parte, de buscar obras que pudieran satisfacer algunos gustos más convencionales y la idea es que también dialoguen, no sólo desde el artista sino desde el espectador,

¿Y de que manera se dá el dialogo?
Me parece interesante que alguien que ve teatro popular (y que para él el teatro, es el personaje casi arquetípico que va a hacer casi las mismas acciones siempre), de pronto se vea enfrentado a una obra donde no hay personajes y no hay ni siquiera acción.
¿Pero como piensas hacer que ese público que va a ver a Riguchito o a Santalla, vaya a ver una de E. Calla, o de D. Aramburo?
No se puede obligar a la gente, cada quien escogerá lo que quiera ver, obviamente, pero me parece que los precios de las entradas son tan bajos, que la gente puede tranquilamente acceder, a dos, tres obras en quince días, sin ningún problema. Me parece que es accesible en ese sentido.
Por el otro lado está la estrategia de llevar las obras a los macrodistritos y no son solamente las convencionales, Santalla va, pero también va por ejemplo, Strocks de Holanda, que es un teatro de objetos o va “AltoTeatro” con una nueva obra muy interesante, o el “Teatro Trono” que tiene una propuesta muy, muy fuerte, de su ultima obra.
Entonces hay distintas estrategias; me parece que a nivel comunicacional necesitamos tener una estrategia en ese sentido y nos hemos puesto en contacto con el Movimiento de Cuentacuentos; ellos van a trabajar en todas las zonas, también en el Centro o en San Miguel que son por ahí más afectas al teatro; pero en todas las zonas marginales de la ciudad; van a trabajar con pequeños scketch a la vez que están distribuyendo volantes, como para contagiar a la gente de esta cosa del teatro, hay dos o tres estrategias paralelas.
Evidentemente por ahí lo que te digo es un fiasco y no pasa nada, la gente que va al popular va al popular y la otra gente va a lo otro; pero las estrategias están planteadas y si de alguna manera funcionan, aunque sea una persona que se anime a hacer este trayecto de lo popular a lo contemporáneo, me parece interesante producir en él un conflicto, no?: ¿Qué estoy viendo?
¿Y piensas que el público de teatro contemporáneo se anime a ir a ver teatro popular?
No sé, por ahí no se anime, pero si está sentado al lado de alguien que va al teatro popular ya es algo distinto, si está al lado de una chola, sería muy interesante…
Los dos parecen munditos muy herméticos…
Bueno, ese es el interés de este festival, pensar que estas fronteras son una construcción y dar la posibilidad de que a ver si se encuentran ambos mundos, a ver si se encuentra alguien de la zona sur sentado al lado de una chola; por ahí después a la salida puedan comentarlo, ¡qué se yo!
Estoy fabulando, pero está planteada la posibilidad, por otro lado también estamos haciendo lo posible por generar un espacio de encuentro donde los artistas puedan comer, para que haya diálogo entre ellos y donde el público en general también pueda acceder, pueda ir a comer, obviamente tendrá que pagar su comida, pero que puedas estar con alguien ahí…
¡Parece algo muy lindo! Justamente en un festival, van los distintos grupos pero cada uno esta pendiente de poner su obra, tienen poco tiempo, hay estrés, entonces no sé si hay una oportunidad muy real de encuentro…
Claro, me parece que justamente ahí, mientras estas cenando, o después, puedas tomarte un trago, charlar ahí, que comiencen un poco a relajar la cosa.
Por otro lado me interesa también tomar el Festival como un festejo, bueno en realidad, es un festejo: bicentenario, capitalía… Me parece que hay que tomarlo como eso, es un festejo y seria interesante que la gente lo viva felizmente, alegremente, no solemnemente, romper esa parte justamente. La intención en la inauguración -no te la voy a contar porque sino seria perder la sorpresa-, pero es plantear algo distinto, algo donde la gente rompa eso de que en el teatro hay que irse a sentar a ver cosas serias, porque en realidad el teatro no es eso, habla de nosotros, es algo muy cotidiano, normal.
¿ Y como ves el teatro boliviano?
Yo creo que ha crecido mucho, cuando yo me ido me acuerdo que habíamos armado el TIBO, Teatro Independiente Boliviano, éramos 8 grupos de toda Bolivia, obviamente habían más, pero éramos 8 grupos los que más producíamos.
Era muy pequeño el ambiente, era cerrado, no había mucho intercambio entre los grupos, no había la posibilidad de que como director, convoques a equis actor, porque pertenecía a otro grupo, eran muy cerrados; era algo como una ley asumida.
Ahora la cosa ha cambiado, los directores convocan a distintos actores. Me parece interesante este tipo de mezclas, mezclas generacionales también, es un paso muy importante dentro de nuestro teatro, aunque sean detallitos, más allá de la producción en si, del lenguaje que se emplee, me parece algo muy interesante. Después me parece que la escuela de Santa Cruz ha hecho mucho bien, en el sentido de que alguna manera irradia a partir de su accionar la posibilidad de ampliar el movimiento de teatro.
Creo que hace falta complementar la escuela de Santa Cruz, que forma actores; hay que formar directores y dramaturgos. Como no tenemos nada acá, estamos obligados a agarrar el todo y hacerlo avanzar tal vez más lentamente, pero hacerlo avanzar, porque sino tengo la impresión, de que salen actores y más actores, pero no hay un director que pueda convocarlos; no hay un dramaturgo que proponga algo interesante para ser montado. Entonces me parece que hay que comenzar a trabajar en estos dos flancos para concretar un real movimiento teatral. Además me parece importante tener dramaturgos y directores porque en general es desde donde se reflexiona el teatro, (o sea, el actor también lo reflexiona, no quiere decir que no lo reflexione, pero él tiene que hacer, no tiene que pensar); me parece importante que los dramaturgos tienen esa posibilidad, además están afuera, siempre además trabajan el teatro desde la palabra, creo que es un lugar para reflexionar el teatro muy importante; la dirección ni qué decirlo y me parece que a partir de esas dos también comienzan a surgir los teóricos.
¿Y que pasa con los cuadros técnicos escenográfos, iluminadores?
¡Importantísimo! Sé que ahora en Santa Cruz la idea es armar una especialidad en iluminación; me parece fundamental, habría que también pensar ya en generar no se si licenciaturas pero por lo menos un técnico en escenografía, en vestuario, Pero me parece que por ahí se puede trabajar todavía en ese sentido con los plásticos, con los arquitectos; creo ahí que todavía puedes jugarla un poco; pero me parece que en algún momento hay que tomar la decisión de generar escuelas para todo eso también.
Y el Teatro de los Andes?
Yo creo que el Teatro de los Andes ha sido fundamental en Bolivia. Creo que si hay teatro ahora como el que hay, es gracias a él en el sentido de o entrar en su dinámica o oponerse. Es el teatro de los Andes quien ha generado algo de esto: o te pones con ellos o al frente, pero te obligan a hacer algo, a tomar partido; en ese sentido me parece absolutamente positiva su presencia; por otro lado creo que es un ejemplo ético también,en cuanto al hacedor, al artista. La ética tendría que ser la primera materia que tomen desde los economistas hasta los agrónomos, me parece que es importantísimo ese tema, no nos olvidemos que la estética y la ética están íntimamente relacionadas, entonces creo que la presencia del teatro de los Andes, más allá de que este de acuerdo o no con esa ética, te plantea también una pregunta al respecto si haces eso:¿cómo lo haces? ¿Para qué lo haces?, ¿por quién lo haces? Y todas estas preguntas que al ver el teatro de los Andes quieras o no comienzan a rondar tu cabeza.
¿Acá van a estar con “120 kilos de jazz”?
Sí, es que lamentablemente están en gira; justo cayó cuando ellos están en Italia. A mí me hubiera encantado tenerlos en el Festival, hubiera sido fantástico, pero por lo menos estamos trayendo un representante para tenerlos acá.
Me parece que tenemos también como tarea hacia el futuro dejarnos de hinchar las pelotas con estos sectores que hay en el teatro. estas pequeñas camarillas que no se juntan, no se tocan, que tienen que ver con el teatro popular, con los seguidores del teatro los Andes que tiene que ver con pequeño teatro; no sé finalmente me parece que las diversidad es importante, es sana y tenemos que aprender a dialogar con eso; entonces de alguna manera las nuevas generaciones tienen que tener en cuenta esto y tienen que poder sobreponerse y pasarlo por arriba y poder empezar a generar dialogo entre ellos, porque si no de aquí a 10 años vamos estar igual que en los ochenta, otra vez.
Bolivia siempre ha sido en todo cíclica, avanza y vuelve, ni siquiera como un tirabuzón, en la misma vuelta, creo que hay que superar eso y la única manera es el encuentro con el opuesto, Yo me fui a la Argentina cuando no podía ver un argentino; yo vivía en Copacabana y me acuerdo que llegaban por hordas los argentinos y además, el porteño esté donde esté, está en Buenos Aires.

Así que estabas harto de los gauchos…
Claro, cuando decidí irme a a Buenos Aires, yo pensaba irme a encontrar con lo opuesto; Esa época yo era más callado, no tenia esta rimbombancia que tiene el porteño, esa cosa tan expansiva ¿no? y te juro que el adaptarme a esa sociedad a mi me ha hecho conocer cosas de mi que no las conocía y de pronto ahora puedo utilizarlas. En ese sentido te digo que el encuentro con el otro distinto a mi, me ha provocado eso, tengo la esperanza de que pudiera provocarla en otros, entonces me parece importante comenzar no a confrontar, pero por lo menos a dialogar, a encontrarse con el distinto, con el que piensa opuesto a vos y poder entablar algo con él, creo que eso es inteligencia.
Hablabas de la necesidad de formar directores y dramaturgos, aquî ocurre con varios directores del teatro contemporaneo que ellos normalmente ponen sus propias obras…
Eso es usual en la Argentina: Daulte, Rafael Spregelburd, incluso Veronese siempre han trabajado con textos propios; creo que es parte de la realidad latinoamericana en el sentido de los modos de producción que tenemos acá y tiene que ver con lo económico. con lo social.
Pero eso no quita el lugar del dramaturgo, no lo anula; más allá de que tú pongas tu obra, en algún momento te has sentado a escribirla: en ese lugar aparece la dramaturgia y desde ahí reflexiones.
Yo también escribo, dirijo y actúo, pero no soy el mismo cuando escribo, que cuando actúo, que cuando dirijo
Hay facetas mías que empiezan a salir según donde estoy, entonces no me parece ni bueno ni malo, sino que es lo que es, es una realidad una coyuntura concreta que nos lleva a trabajar de esa manera, cosa que en Europa es casi impensable, que un dramaturgo actúe,
Incluso conozco dramaturgos que se cambian de nombre; tal para escribir y tal para dirigir. A a mi me parece interesante la forma de ser latina, que pasa por encima de estas cosas convencionales que vienen del viejo mundo, y que otorgan una identidad a nuestro teatro que me parece importante. Porque es evidente que es una obra alemana no se va a hacer acá de ninguna manera así, más allá que puedas tomar la obra del dramaturgo alemán; siempre le vas a dar otra cosa, son cosas esenciales en lo que hacemos.
Bueno nada más recalcar esto, que por primera vez esta haciendo la Acaldía, que es poner plata, no por el hecho de que lo haga hoy, sino porque tiene que hacerlo siempre.
De hecho hay una cuestión discutible: de alguna manera la Alcaldía, en temas culturales, siempre se ha llevado las flores por el trabajo de otros, y en especial el teatro…
Yo creo que nuestra autoridades se tienen que dar cuenta que la única manera de generar un movimiento, de desarrollar el arte, es a partir de políticas estatales. No hay forma si no, porque los tiempos del arte son muy complejos, y en una época en que todo es al segundo y el tiempo vale oro, ¿en qué momento te vas a encerrar cinco, seis meses, a hacer algún producto inútil además?.
Pero además eso también tiene un rédito económico si se lo maneja bien… ¿Cuál es el atractivo turístico ahora en Argentina por ejemplo?
La cultura, si …
Gente que va por el tango, estos días por Radiohead o Kiss, o el Bafici ¿Cuánta gente congregan? ¿Cuántas cosas se mueven ahí? Todo eso es cultura, y es intangible.
Absolutamente, y además me parece que justamente si queremos ser viables como país tenemos que irradiar afuera, No es solo que políticamente Evo viaje por todo el mundo generando alianzas políticas, sino también culturalmente tenemos que salir de la concha esta que tenemos, que nos encierra y nos envuelve, y comenzar a proyectar hacia afuera lo que pensamos, lo que hacemos, cómo lo hacemos, es importante todo esto, incluso psicológicamente, el tema de la autoestima...
¿Qué es lo que más otorga dignidad al hombre sino es el arte? En Auschwitz se hacía música; creo que esa es una demostración de dignidad humana que no puedes negarla ni aunque pasen diez siglos más! Es algo contundente y el arte tiene que ser tomado en serio en ese punto también! Es lo que más otorga dignidad, creo que por su emotividad, porque el hombre en ese momento no está regido por el mercado. (obviamente tiene que entrar para vender y para poder vivir tiene que entrar si o si…).
Me parece muy importante valorizar eso. Creo que si este Festival funcionara como esperemos que funcione, sería casi un deber de todos los que hacemos teatro, tomar este precedente de inversión en arte y comenzar a hacerlo valer.
Me parece que es importante, que las autoridades mañana no digan “Ahh, pero fue por el Bicentenario”.
Claro, no que ahora tiene presupuesto porque consiguieron un fondo especial para esto…
Exactamente. Pero eso ya no depende de las autoridades solamente, parece que nuestro clic que tenemos que hacer, o sea, ¡es un derecho humano, la puta que lo parió! Aquí hay que hacerlo así, si no ¿cómo quieren que lo hagamos?
¡El arte es un derecho humano la puta que los parió! Yo titularía así…
Te iba a preguntar cuánto te puede complicar eso… (risas))
Cuidado, que despues venga la orden y zas!!! .. mi cabeza, abajo! (risas).
A pesar de todo este aparataje tan difícil de mover, tan insensible en este tipo de actividades, de pronto te encuentras con un Daniel Rico, que se juega el cargo por esto. Entonces dices: “Sí, es complejo, pero por ahí es tocar la puerta correcta”, por ahí es saber hablar, por ahí hay que encontrar la forma” y eso me parece que es un trabajo nuestro, a eso me refiero; creo que hay gente sensible también aquí adentro; es complejo, pero hay que encontrar esos mecanismos y esos caminos.